3,000
acres de terreno
2%
construido
100%
natural

Four Seasons Tamarindo es de los proyectos hoteleros más ambiciosos de México. El resort ocupa una reserva privada de 3,000 acres (solo el 2% construido) y fue diseñado por LegoRocha, Estudio Esterlina y Uribe Krayer como un manifiesto de turismo de lujo consciente. Dentro opera Rancho Lola, una granja sostenible de bajo impacto, bajo la filosofía “Grown, Not Flown”, que preserva saberes agrícolas y conecta al huésped con el origen de su comida.
Rancho Lola es la cara experiencial de una de las mayores apuestas del ecoturismo mexicano en Costalegre, dialogando con la vecina Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala (UNESCO). La identidad actúa como bisagra entre dos escalas: el saber del campo y la mesa firmada por Elena Reygadas; entre la mano que recolecta y el huésped global.
El sistema se concibió bajo tres principios: Manuscrito, orgánico, táctil. Con esta base se desarrolló el concepto rector de lo natural, un juego de raíces o el corte transversal de un fruto, conectando el ciclo desde su origen y hasta la mesa. El símbolo trazado a mano fusiona las iniciales RL, cercano e imperfecto, convive con una paleta orgánica, texturas y detalles cálidos que sostienen la voz artesanal.
El reto fue diseñar una identidad visual que coexista con el Four Seasons, sin ser eclipsada. Se buscó un lenguaje propio —artesanal, íntimo y conectado al huerto— que se alejara de lo corporativo e institucional. La conexión viene del árbol en el logo del hotel, pero en vista superior.



















